jueves, 4 de diciembre de 2014

Punto y seguido.

El cuerpo humano es una máquina perfecta, ningún hombre podrá inventar una máquina que alcance tal nivel de perfección y complejidad. Cada 'pieza' está ahí por alguna razón, hasta la más pequeñita puede tener una función de incalculable importancia. 

Los hombres se han mostrado orgullosos de poder controlarlo, de poder moldearlo y mejorarlo. 
Eres joven, sabes que te puedes comer el mundo porque tienes unas piernas que te llevan a cualquier sitio, unos pies fuertes que te ayudan a pisar firme, unos brazos con los que defenderte, un cerebro que controlas (o te controla) con el que tomas decisiones aunque a veces nos dejemos llevar más por lo que dicta el corazón, ese al que llamamos loco pero que lo único que hace es mantenernos con vida bombeando sangre a todo nuestro cuerpo, ese que habitamos y al que no sacamos provecho.

Y es que hoy estoy un poco enfadada conmigo misma, ya que a pesar de tener el control de la máquina más perfecta que te puedes encontrar en la Tierra somos tan inútiles que no lo utilizamos como debiéramos, muchos no lo cuidamos ni le damos los mimos que se merece, a veces incluso lo maltratamos. Hay hombres que se preocupan más por sus coches que por ellos mismos o mujeres que solo le importa lo de fuera y mueren por dentro.
Y si se me permite sacarle un defecto a esta máquina diría que tiene el tiempo contado, como si fuésemos un producto de Apple, solo que después de que se nos acabe la batería no habrá una versión mejorada. 

Yo no puedo quejarme todavía, estoy en plena etapa de desarrollo, aunque mis huesos dijeran basta hace unos años y me quedara en un triste 1.60. Disfruto de mi cuerpo a diario, sobre todo cuando realizo algún ejercicio físico que creía incapaz y el valiente de mi cuerpo soporta.
Hoy deseé darle un poco de mi fuerza a una persona a la que adoro con toda mi alma, y por la que restaría años de mi vida para cedérselos a él. Porque veo la vida en sus ojos azules y en su sonrisa insaciable, y su rostro me hizo pensar, pensar y pensar.

El cuerpo es una máquina que crece con nosotros Nosotros crecemos con nuestro cuerpo y puede llegar un día en el que a lo mejor se despierta un poco oxidado y te dice que quizás ya no pueda más. Es en ese momento en el que el cuerpo falla cuando nacen nuestras ganas de vivir, irónico, ¿verdad?
Y aunque piense que siendo los únicos seres racionales el 90% de las veces actuamos de forma irracional, creo que podemos despertar, que ahora es el momento de vivir esa vida que muchos anhelan. Lo triste es que probablemente esto se me haya olvidado mañana y aunque sea viernes y no quiera que pase rápido siempre habrá un lunes deprimente que nos hará desear que las horas vuelen. 

De todos modos quiero decirle algo a esa persona por la que siento devoción, que creo firmemente que somos nosotros los que decidimos cuando escribir nuestro punto final, sigue luchando porque todavía tienes que ver como tu nieta logra sus objetivos y como te dice que nada de esto habría sido posible sin tu presencia, porque aunque no seas parte de mi máquina perfecta eres un engranaje en mi vida sin el cual no puedo vivir. Te quiere tu carita fina.