martes, 2 de septiembre de 2014

Nueve.

2 de septiembre, llegó, y aunque el tiempo parece que desea hacernos creer que aún estamos en julio, septiembre finalmente...llegó. 
Estamos en ese momento en el que tenemos el corazón divido, queremos seguir teniendo la opción de levantarnos tarde, de pasar las horas muertas, de ir a la playa y esas cosas que haces en verano, pero por otra parte estamos deseando volver a la rutina, no tener tiempo ni para respirar, plantar a nuestros amigos algún fin de semana para pasarlo junto a nuestros apuntes, mirar el calendario continuamente e iniciar la cuenta atrás en febrero, masoquismo creo que lo llaman. 
Estamos en ese momento en el que empezamos a odiar de nuevo los domingos, ese momento en el que sabemos en que día vivimos, ese momento en el que vas a centros comerciales y ya te encuentras chaquetones que con solo mirarlos te hacen sudar. El verano da paso al otoño, los buenos momentos dan paso a unos meses en los que sabemos que vamos a sufrir, pero eso no significa necesariamente que vayan a ser malos meses. 
Yo no me puedo quejar, sigo conservando a gente que me quiere, estoy estudiando lo que quiero, gozo de buena salud, no puedo pedir más.
Sin embargo tengo miedo, tengo miedo porque por primera vez en mi vida mi futuro es incierto (en mi cabeza empieza a sonar 'Mira Dentro' cada vez que leo esta frase, dato), y sé que puedes planearlo todo que siempre habrá algo que lo cambie por completo, pero si todo sale bien en junio termino una etapa que me ha acompañado desde que era una enana y empiezo una nueva.
Me da miedo lo desconocido pero me da aún más miedo que mi vida no siga el camino que he trazado, cosa que es muy probable. El año que viene va a ser determinante y es una pena que no tenga una máquina que me permita parar el tiempo, no quiero que llegue.
Dios, por no hablar de mi último año de estudios, tiembla Lau, tiembla,  porque de nada me sirve tener miedo a que las cosas no salgan bien si no apruebo. No va a ser fácil, me cuesta mucho ponerme pero he decidido centrarme (adiós vida social, adiós 'The X Factor, adiós series,...). 
Por suerte gracias a este ciclo he conocido a gente magnífica que lo hace más ameno, gente con la que estoy a gusto y saber que seguirán conmigo es un alivio. 

Me da pena dejar este verano atrás y fijaos que he tenido días malos, malos, agosto empezó siendo nefasto, el mes negro pensaba, pero de golpe todo comenzó a solucionarse, siendo quizás de los mejores meses de mi vida. 
Sigo teniendo problemas, desgraciadamente los de siempre, pero tras unas cuantas horas tirada en la cama mirando el techo he decidido solucionarlos...
Na, ni de coña, he hecho lo de siempre, mirar a otro lado. Soy demasiado feliz como para dejar que esas dos manchas estropeen el momento. Ya me volverán a joder más adelante. 
Ahora puedo presumir de ser feliz, soy increíblemente feliz, tanto que quizás no me lo merezca. ¡Que gran momento!
Y es que al fin y al cabo la vida se compone de momentos felices, menos felices y nefastos, y afortunada yo que ahora vivo de los primeros. No encuentras la felicidad y ni mucho menos es eterna, no te dejes engañar por el cine hollywoodense como hacía yo antes. 
Si es cierto que la felicidad llega a ti de forma inesperada, no avisa, simplemente se deja ver con una sonrisa, con una noche acompañada de mi madre, incluso con un mensaje en Twitter. La felicidad no se busca, y eso lo hace más especial, es tan magnífico que  un momento tan simple y común como estar conversando en la cocina con tu madre se convierta en uno de esos que se te graban en la retina. Es genial como el nombre de un parásito puede detonar la risa tonta, esa que no puedes parar. Y otros muchos más que me ha regalado el 2014, momentos efímeros pero que me dan la vida.
Destaco el haber encontrado a una persona en la que puedo confiar, que no me deja guardar ningún secreto, una persona con una paciencia enorme, una persona que ha roto tooooodos mis esquemas, una persona que se preocupa por mi y que, ya sea de forma inconsciente o consciente, hace que me sienta especial, distinta, única. Y sabe lo mucho que se lo agradezco. 

Me da pena dejar atrás el verano pero, con miedo incluido, no puedo esperar a ver que me deparan estos meses, (dentro de dos semanas empezaré a arrepentirme de decir esto, lo sabes y lo sé, todos los años pasa lo mismo Lau). Sin embargo ansío que llegue diciembre para saber si me encontraré en esta misma silla escribiendo una entrada que rebose felicidad y cursilería o una entrada completamente deprimente. 
¿Qué será, será?