miércoles, 12 de noviembre de 2014

Sinceramente yo.

Le he dado mil vueltas a esta entrada, he borrado un montón de líneas que no conseguían reflejar mi estado de ánimo, y no me extraña porque ni yo misma sé cómo estoy.
Ahora estoy contenta, y tengo confundida a mi cabeza porque no debería ser así o al menos eso es lo que a veces trato de hacerme creer.
Sé que el lunes me desperté con ganas de comerme el mundo, la gente me preguntaba el por qué de esa felicidad a las ocho de la mañana y yo no encontraba respuesta. El martes aunque un poco menos me encontré en la misma situación y hoy más de lo mismo.

Sé también que esta semana me ha dado momentos geniales que me han ayudado a mantener la cabeza en otra parte. Desde una noche muy fría en un banco con una compañía de lujo calentando nuestras manos con un cucurucho de castañas asadas que desaparecieron en cuestión de segundos hasta unas conversaciones de besugo que te sacan sonrisas tontas y esos 'Jajaja' que no son fingidos. Conversaciones más profundas que siempre ayudan un poquito a liberar ese dolor que se me pega como mi sombra. 
Me he encontrado disfrutando de la felicidad de otras personas, y en algunos momentos he deseado un poquito de eso pero en otros muchos me he dado cuenta de que no me hace falta. No porque disfruto de cada pequeño detalle que me ofrecen estos días, disfruto del paseo que me doy por las mañanas cuando voy a clase, acompañada siempre de mis auriculares y mi música, para mi sorpresa, canciones completamente alegres, llenas de energía y positivas (así llego a clase como lo hago). Disfruto de esos momentos en el que el sol se deja ver y añoro el verano. También celebro el simple hecho de haber encontrado (¡por fin!) mi sitio entre las pipetas y los microscopios.

Y por las noches cuando le doy a mi cuerpo el descanso que se merece empiezo a darle vueltas a todo pero en seguida me quedo dormida, dejando de lado muchas cosas.
No sé cuando me va a dar el bajón, que me lo dará, y tengo miedo porque esos días no me soporta ni el tato. Es algo inevitable pero por suerte pasajero.

No estoy bien pero tampoco estoy mal, no voy a mentir. Estoy tranquila y no me arrepiento de nada, ni de lo que he dicho ni de lo que he hecho, esta vez no. Por ahora seguiré disfrutando de esos momentos y empezando el día con otra sonrisa grandota.