sábado, 8 de noviembre de 2014

Un amigo

A veces estaría bien tener un amigo de un día, si, me explico.

Mi vida ha cambiado radicalmente de un año para otro, he comenzado a vivir cosas desconocidas, a experimentar, el problema es que han llegado en masa. Y qué suele pasar con lo desconocido, que al principio nos equivocamos y más en el caso de una chica cargada de inseguridades como yo. Estoy en un momento en el que tomar decisiones es como dar palos de ciego, hago algo y a los dos segundos en mi cabeza empieza a crecer la incertidumbre, incluso arrepentimiento. Vuelvo a tomar otra decisión y se repite la situación. Círculo vicioso.

Formulo miles de preguntas sin respuesta y me agobio, por eso me gustaría tener un amigo de un día. Una persona a la que no llegase conocer, ni ella a mi. Una persona a la que contarle todo lo que he hecho y mis dudas, y probablemente me juzgaría pero no me importaría puesto que al día siguiente seríamos desconocidos. Me aconsejaría con la mente fría porque le resultaría indiferente como saldría todo y poco le importaría si decido o no seguir sus consejos. Pero la escucharía.
Y es que cuando le cuentas a un amigo tus problemas muchas veces no se atreven a decirte que estás haciendo mal y simplemente se limitan a darte la razón. Otras veces el miedo al que pensarán hace que nos guardemos muchas cosas, porque como idiotas que somos queremos parecer perfectos ante los demás y no nos damos cuenta de que no hay nada más bonito que la imperfección que es lo que nos hace humanos, los dioses son perfectos, las personas no. 
En cierto modo creo que es un mecanismo de defensa, deja que alguien conozca tus inseguridades y podrá jugar contigo como quiera, por eso nos guardamos nuestros miedos más grandes. Además tampoco queremos estar solos y que alguien cercano sepa lo mucho que te estás equivocando acrecienta el miedo a la soledad.

Es por eso que les digo a mis amigos que pueden leer mi blog pero que no quiero saber que lo hacen, porque aquí dejo cosas que no cuento todos los días, cosas que no me atrevo a decir a la cara porque me echaría a llorar o porque no soportaría el simple hecho de que pensaran mal de mí, y joder, claro que mi importa lo que puedan pensar aquellas personas a las que aprecio.  

La cosa es que sé que me estoy equivocando, cualquier persona con cabeza se daría cuenta, pero como la inevitable fuerza de la gravedad te ata a la Tierra yo continúo tomando decisiones erróneas, y me escudo diciendo que lo hago porque nunca había pasado por una situación así, que estoy aprendiendo. Trato de engañarme pero al final del día todos esos argumentos se me caen encima. 
Me da miedo estar perdiéndome cosas y creo que ese miedo me va a hacer perder otras muchas.

Probablemente quien lea esto no entenderá de la misa la media, como suele pasar con casi todas mis entradas. Y es que de momento mi blog es ese amigo de un día, aunque este no me aconseje ni me juzgue, simplemente se limita a escuchar parte de esos pensamientos que trato de esconder, lo suficiente como para que mi cabeza pueda descansar un rato.